Yo Confieso… #14

Yo Confieso…, acerca de Eurovisión 2014

Mucho se ha dicho y seguirá diciendo en torno a la gala musical de este año, y es que no es para menos. En primer lugar, avisar de que éste será un artículo muy largo en el que hablaré de mi opinión con respecto a la gala: para gustos ahí están los colores, así que si vais a comentar, hacedlo desde el respeto.


Viendo el amplio surtido de participantes me encontré por vez primera frente al televisor de una amiga para disfrutar de la gala de Eurovisión de principio a fin. De hecho hice mi propia lista de apuestas con los candidatos que más me gustaron, teniendo en cuenta lo que ya sabía de antemano sobre ellos: una, que tiende a informarse por curiosidad.
Con la abanderada causa en pos de la tolerancia de Conchita Wurstpersonaje creado por el homosexual Thomas Neuwirth – y oliéndome que fuera una de las más votadas, al volver a casa no pude evitar echar un ojo a las redes sociales antes de irme a la cama, ¿y cuál fue mi sorpresa? En realidad, ninguna. Se hablaba de todo un poco: el puesto de España en el décimo lugar, los favoritos que cada cual tenía, el por qué Portugal no le dio un solo voto a España…, pero sobretodo se incidió en la polémica del que fue el ganador de esta edición, la ya citada Conchita Wurst y su barba recortada. Quién no estuviera al tanto, desde que fue elegida para representar a Austria, este drag queen se vio en el centro del huracán de una campaña homófoba por parte de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, quienes incidieron en que debían retirar a Conchita del concurso, a riesgo de censurar su actuación en las cadenas públicas de sus países. Pese a todo, los organizadores del evento fueron en contra de esas llamadas de atención – que se excusaban en el hecho de que «Europa no estaba preparada para esa clase de candidatos» – y continuaron adelante.

Conchita Wurst durante su "Rise Like a Fenix"
Ahora bien, regresando a lo comentado en las redes sociales, puedo entender que en caliente se digan muchas cosas; pero comparar presentaciones, registros vocales, puesta en escena, organización, coreografías… es una cosa y luego meterse en el ámbito socio-personal, es otra. A estas alturas, desde la fundación de Eurovisión en 1956, todos sabemos que las votaciones de los ganadores es politiqueo puro. ¿Por qué? Pues porque todos tenemos un vecino al que queremos caer bien, tenemos un vecino al que no soportamos, tenemos un vecino al que le tenemos agarrado de los cataplines por sus trapos sucios…, y esto se extrapola a las relaciones entre los países de la Unión Europea. ¿A qué se debe el éxito de Austria? Puede que por lo llamativo de su aspecto, porque realmente sí cantó como se debía esperar – ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito, - o puede que, quizás también ante la popular acogida que tuvo su mensaje de tolerancia hacia el público, siempre a través del rol que su propio aspecto mostraba.

Fuera lo que fuere, como es obvio cada país apuesta por su candidato y su canción, por muy horribles que sean ambos, y todo por una sola razón. Quien gana obtiene el derecho de representar en su país la siguiente gala de Eurovisión; pero no solo eso, sino que incentiva una buena publicidad que, en definitiva, termina trayendo turismo y a su vez ¿qué trae consigo el turismo? Dinero a espuertas. Francia (que quedo última con tan solo dos míseros votos), apostó por sus chicos; del mismo modo que el resto de países lo hicieron con sus propuestas, y España no se excluye de ésto.

Nuestra candidata, Ruth Lorenzo, interpretó Dancing in the Rain, una canción que hablaba de una nueva oportunidad, de seguir luchando y que, entre líneas, servidora creyó captar la situación de nuestro país en crisis; que éste era capaz de soportar el chaparrón – nunca mejor dicho – , aguantar en la cuerda floja para así resurgir y ver un nuevo amanecer. 


La idea fue sublime y eso la llevó a Eurovisión con una canción llena de fuerza, de ánimo… ¡y ni que decir el poderío con el que refulgía su voz, que hasta arrancó una ovación de aplausos antes de que incluso llegase a terminar! Pero nada más: Ruth cantó la canción y confió únicamente en su voz, sin bailarines, sin efectos impactantes…, lo cual estuvo bien, pero no del todo. Por una parte, toda la atención del público radicó en su interpretación, en el significado de la canción y en su cualidad vocal para llevarla a cabo; pero por otra parte, Eurovisión es un show musical y Ruth, se quedó algo corta en lo que a shows se refiere.

Grupo "The Common Linnets", de los Países Bajos
Teniendo en cuenta que su tema se llamaba “Dancing in the Rain”, la artista se mantuvo quieta en lo que duró el mismo y eso fue lo que me crispó. Puede que pecando de ilusa, yo al menos me esperé un elemento sorpresa, del estilo que fuera a descubrirse bajo aquel vestido de gala uno más apropiado para bailar y romper, allí mismo, a lo Lindsey Stirling con su imponente voz como único instrumento; pero no fue así. De hecho, esta clase de expectativas las tuve con otros candidatos, como de la flautista de Eslovenia, con su “Round and Round”; de los Países Bajos – cuya balada, “Calm after the Storm”, se interpretó en un cara a cara tal cual – o de los roqueros filandeses… pero solo uno captó mi atención de buena manera y ese fue el candidato de Hungría, cuyo tema además hablaba del maltrato: un tema que, por desgracia, está a la orden del día.


En definitiva, he llegado a leer mucho de esta gala y habiéndola visto, ya con un criterio personal, puedo decir que más que por la puesta en escena y la cualidad vocal e instrumental, muchos artistas ganaron puntos en el recuento gracias a su apariencia. Un ejemplo de ello fueron las chicas de Polonia con sus escotes, las ropas típicas de su tierra y sus muy proporcionadas dotes femeninas que acompañaban movimientos lascivos en su interpretación, cuya única intención era calentar al personal…: intenciones también muy comentadas en las redes sociales. Y otro ejemplo consabido fue la propia ganadora, cuya barba también fue motivo de exaltación extrema, burla e incluso crítica, y no del público heterosexual, sino también de los homosexuales que encontraron excesiva la presentación del rol de Conchita en la gala.

¿Podremos ver alguna en la que las polémicas sociales queden a un lado y sea la interpretación vocal la verdadera estrella en Eurovisión? Eso solo el tiempo lo dirá; pero al margen del “acto de solidaridad”, en materia LGTB, por parte de los países que votaron a Austria, me pregunto si realmente ésta clase de sucesos servirán de algo, más que para promover una imagen equivocada del colectivo minoritario que representa a los cross-dressing. En cierto modo así lo deseo, pues ante el radicalismo homófobo de ciertos países considero que a estas alturas de siglo la insistencia en una guerra social contra dicho colectivo, sea cual sea el atacante, ya está perdida y promover leyes que prohíban o lo señalen como una enfermedad es totalmente desacertada.


Al margen de ello, y volviendo al tema de la gala, yo me quedo con la interpretación de Hungría, Finlandia y, ¿por qué no? También Francia, que no se mereció quedar el último puesto…, sobre todo ante el espectáculo montado por las chicas de Polonia – su vestimenta y actitud – sumado al chillido culmen de su canción que, bajo opinión personal, no resultó nada acertado en lo que vendría siendo la escala melódica.


¿Alguno visteis la gala? ¿Cuál fue vuestro candidato favorito? ¿Os esperabais ese resultado?  ¡Contadme qué os pareció!

Only One Religion

El par de cafés que aún circulaban por su riego sanguíneo no fueron suficientes para evitar que la morriña de la tarde se apoderase de ella. Sus ojos entrecerrados marcaban el sueño poco reparador de la pasada velada y aunque hacía unas horas se encontraba bien, dispuesta a pasar una agradable tarde, aquel plan no fue de su agrado: los imprevistos nunca lo fueron, al fin y al cabo.

Con la constante sucesión de oraciones y salmos a su alrededor – totalmente faltos de significado para ella –, la canción que escuchó esa misma mañana relleno el eco vacío de sus pensamientos de forma fortuita. Fue tal el toque de humor inherente en sus estrofas que, sin percatarse de ello,  la comisura de sus labios se curvó hacia arriba; pero no solo eso. Mientras, la sucesión de aquella melodía se repetía sin parar, una vez tras otra al finalizar la anterior, su pierna iba marcando el ameno ritmo que circulaba, libremente y en ambos sentidos, por la carretera  de sus divagar constante.

Aunque no tenía nada en contra de todos los allí reunidos, consideró excesivo la duración de aquel acto, y su compañera lo sabía. Quedándose a su lado, tan solo para cumplir y no dejarla sola durante toda la liturgia sacramental, llegó a considerar el disculparse para levantarse e irse a tomar el aire: no se encontraba bien. La atmósfera viciada y el olor de los allí presentes - removido con soberana lentitud por los ventiladores del techo – la asfixiaban de sobremanera provocando que arrugase la nariz, en una mueca de desagrado. Aquello no iba con ella, y de ahí que se cuestionara el qué estaba haciendo allí, perdiendo dos horas de su tiempo, así como el por qué debía soportar las palabras los sermones y exigencias de algunos de los parroquianos en cuanto se subían al podio para sus minutos de gloria.


Pese a todo se mantuvo en su asiento, quieta y sin dirigir una sola mirada a nadie. Dejando ésta a la deriva, por el irregular relieve de las paredes, continuó al amparo de la que fue – y aún era – la primera de sus religiones. Al contrario que los allí reunidos, ella prefería cobijarse en las sensaciones que la música le hacía experimentar, pues alejada de prohibiciones absurdas y prejuicios que remarcaban la condición humana, la música eran tan libre como ella misma así quería serlo. 

Siempre se consideró un bicho raro…, y auguraba que así fuera por muchos más años.